• Visité un parque eólico en Uribia, La Guajira, donde se transforma el viento en electricidad. En medio de uno de los paisajes más áridos y hermosos de Colombia, conocí una historia de sostenibilidad, cultura indígena y esperanza energética para el país.

La Guajira es tierra de contrastes: sol inclemente, vientos constantes y una riqueza cultural que resiste el paso del tiempo. En Uribia, uno de los municipios más representativos de esta región del norte colombiano, tuve la oportunidad de visitar un parque eólico que transforma el viento en energía limpia. Un proyecto operado por Isagen, que no solo busca abastecer de electricidad a miles de hogares, sino hacerlo respetando las tradiciones ancestrales del pueblo Wayúu.

En medio del desierto, las enormes turbinas giran sin pausa, alimentadas por los vientos fuertes que caracterizan esta zona. Desde allí, se generan más de 5.000 hogares energizados y se espera que el impacto crezca a medida que se expanden los proyectos de energía renovable en la región. Y es que La Guajira tiene uno de los mayores potenciales energéticos de Colombia, gracias a su geografía favorable tanto para la radiación solar como para la energía eólica.

Pero este viaje no fue solo una lección sobre sostenibilidad. Fue también un encuentro con la cultura viva del pueblo Wayúu. Hablé con algunas mujeres artesanas que, entre historias y sonrisas, tejen a mano las tradicionales mochilas que representan su identidad y herencia cultural. Compré una de ellas como símbolo de respeto a sus raíces y de apoyo al comercio justo.

Uno de los momentos más singulares del viaje fue encontrar los famosos “retenes Wayúu”: barricadas improvisadas con palos en los caminos de tierra, donde los niños y adultos detienen a los viajeros no para pedir dinero, sino insumos básicos como arroz, café, azúcar, galletas o agua en bolsas. Es una práctica tan particular como significativa, que refleja las necesidades de una comunidad que ha sido históricamente olvidada, pero que hoy comienza a recibir algo de la atención que merece.

Isagen y otras empresas que operan estos proyectos han expresado que uno de sus objetivos es que el avance tecnológico no arrase con la cultura indígena, sino que coexista con ella, respetando y promoviendo su preservación. Tecnología y tradición caminando juntas: una promesa ambiciosa, pero esperanzadora.

En tiempos de crisis energética, donde tanto se habla de la transición hacia fuentes más limpias, ver cómo el viento de La Guajira se convierte en electricidad es más que una experiencia técnica: es una lección sobre el futuro que podemos construir si unimos innovación, respeto cultural y compromiso ambiental.

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